
Existen dos cosas en esta vida y de la segunda no estoy seguro: La vida, valga la redundancia, y la muerte.
Cuando yo existo, existe el mundo y la vida. Cuando no existo, no existe el mundo y sí la muerte, dicen. Sucede igual en el mito de Eurídice que, llevada al inframundo por una víbora, cuando Orfeo se adentra a rescatarla, existe sólo cuando él no mira para atrás. Algo paradójico si somos empíricos ya que como no la vemos, no podemos afirmar que exista realmente.
Por esto mismo, la muerte es como Eurídice. Existe sólo cuando no la vemos, y más importante, existe sólo por convicción y porque le hemos puesto un nombre e intentamos formular una definición en torno a su idea.
Así de complicado es el tema humano por excelencia que sobrepasa a todos los demás sin siquiera entrar en formularnos si seguiría siendo humana la Eurídice que gracias a Orfeo convertido en un moderno Prometeo, en un Víctor Frankenstein revelándose contra las leyes naturales.
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