
Dolores, Cármenes y Soledades propone un diálogo sobre la pérdida de la juventud, del tiempo propio, de la esperanza y de la belleza, a través del uso de los motivos florales.
La flor aparece conquistando el hogar a través de lo decorativo. Tapetes, colchas y manteles que surgen como resultado del cuidado del hogar, y cuyos motivos florales nos recuerdan a ideales como la belleza, la juventud, la elegancia y la delicadeza.
A partir de lo floral como elemento decorativo femenino y de la casa, planteo un diálogo entre dos temporalidades. Por un lado, la flor permanente, aquella presente en las telas, cuya encanto y frescura es invariable dentro del hogar y pasa desapercibido. Y por el otro, la flor real, belleza transitoria hasta que sus pétalos se marchitan, su color se desvanece y se convierte en un mero esqueleto de lo que una vez fue.
Utilizando métodos propios de la floristería como el recorte, la esponja de oasis o la cinta floral, las obras son un continuo intento por recuperar la flor real o aludir a ella. Se trata de un continuo intento desesperanzado por detener el tiempo sobre la flor, conservando la belleza del instante para hacerla infinita.
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