
Se puede entender la obra de Adrián Vico (Roquetas de Mar, 1999) como una práctica experimental para invitar a la contemplación. Se mantiene constante un gran interrogante: ¿es la fotografía el medio o el fin? A cada apretar del gatillo se captura un momento exacto, impactante pero lleno de calma. La calma que nos ofrece la postura del espectador separado. Permite observar todo mientras
acontece, una distancia prudencial a la que se accede sólo por haber detenido la
imagen.
Texto: Belen Arellano
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